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	<title>Así conocí a Delibes</title>
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	<description>Información sobre el devenir literario diario de Valladolid</description>
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	<title>Así conocí a Delibes</title>
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		<title>José María Solís Izquierdo nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2020 08:03:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[1992, Feria de Libro Madrid. Un amigo conocedor de mi pasión me llamó para decirme que Delibes estaba firmando. Lo dejé todo y subí como un rayo, con Diario de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>1992, Feria de Libro Madrid. Un amigo conocedor de mi pasión me llamó para decirme que Delibes estaba firmando. Lo dejé todo y subí como un rayo, con <em>Diario de un cazador </em>y<em> los Santos Inocentes</em> bajo el brazo. Compré <em>La hoja roja</em> y, tras el saludo, comenzamos a hablar de caza y brotó el invisible vínculo entre los dos, el maestro y el ansioso aprendiz. En el ínterin los de la editorial me miraban mal por robarles tiempo, pero Delibes y yo seguimos a lo nuestro con la caza y el campo. Le pedí el favor de firmar los otros dos libros y accedió amablemente. Al final dedicó los tres. Ahora no tienen precio, ahora son unos “incunables”.</p>
<p>Yo, que comencé a leer y a cazar por mi tío Luis y por Delibes, allí frente a D. Miguel, absorto, sobrepasado, unido ya definitivamente a él y a Pucela, al Barbas y al Mochuelo, a Paco el bajo y al Azarías, a todos.</p>
<p>Años después le escribí a El Norte de Castilla y le pedí que se acercara a cazar con nosotros a La Cabeza de Béjar, al pequeño y humilde pueblo de Salamanca; me respondió que su salud, piernas y reflejos ya no se lo permitían, se me partió un trozo del alma. Dios, qué no habría dado yo por una jornada cinegética juntos: caza, perros, almuerzo, lumbre y tertulia para compartir aquello que amamos y también nuestro común pesimismo, que hasta eso nos unía.</p>
<p>A mí, que sin ser nada de Delibes, hubo personas que me dieron el pésame cuando se nos fue; quizá porque todavía hoy me soportan hablando con pasión de su persona, de su personalidad, de sus perros y cazatas, y, cómo no, de él y de su literatura. Siempre en el corazón D. Miguel, para siempre a mi lado.</p>
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		<title>Luis Puentes de la Calle nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ensutinta]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2020 08:03:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[Corría el año 1984 y Elisa Delibes se acercó a mi despacho, Agencia Inmobiliaria, y me encargó la gestión de alquiler de una vivienda de su padre. Se interesó un [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Corría el año 1984 y Elisa Delibes se acercó a mi despacho, Agencia Inmobiliaria, y me encargó la gestión de alquiler de una vivienda de su padre. Se interesó un joven matrimonio. Después de ver la vivienda, negociar precio y condiciones, cerramos el alquiler y quedamos para firmar seis días más tarde.</p>
<p>El día señalado acudió don Miguel acompañado de su hija Elisa. Muy atento y cordial, les preguntó: “¿Cómo tan jóvenes os disponéis a afrontar la vida?“. Con respeto y admiración a don Miguel, al que acababan de conocer, el marido dijo: “Pues sí, don Miguel, jóvenes pero con mucha ilusión de emprender la vida juntos, aunque ahora con escasos recursos”.</p>
<p>Al oír su respuesta, don Miguel me miró y también a Elisa, y dijo: “Luis, la renta que les habéis puesto, deberíais ajustarla algo a la baja, están empezando y al principio se les hace más duro”. Yo le repuse: “Don Miguel, el precio se negoció de acuerdo con Elisa. Está cerrado. Es un precio inferior al de mercado en la zona, casi por la renta que ellos propusieron, así lo aceptaron y entiendo que no se debería tocar”.</p>
<p>Los inquilinos, conscientes y sabedores de haber conseguido un buen precio, agradecieron a don Miguel su generosidad y no se rectificó la renta. Nuestra sorpresa fue cuando, una vez satisfecha la renta del mes y la fianza, don Miguel, separó una mensualidad y les dijo: “Tomad, os devuelvo la fianza y así tendréis para gastos iniciales”.</p>
<p>Muy sorprendidos por el espléndido gesto, que agradecieron repetidamente, se fueron más contentos que unas pascuas. Esta anécdota refleja la calidad humana de don Miguel. Persona muy cercana y comprometida con las necesidades humanas y ambientales, generoso con la gente llana del pueblo castellano, al que conocía muy bien. Poco interés por escalar puestos honoríficos sujetos a adulaciones gratuitas. Magnífico conversador. Cazador sostenible y ecologista de rango natural.</p>
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		<title>Alfonso Jesús Población Sáez nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ensutinta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2020 07:52:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[Durante uno de los habituales paseos dominicales por el Campo Grande, mi padre me cuchichea en voz baja: “Fíjate en ese señor que está sentado en ese banco”. Se trataba [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Durante uno de los habituales paseos dominicales por el Campo Grande, mi padre me cuchichea en voz baja: “Fíjate en ese señor que está sentado en ese banco”. Se trataba de un señor con una gorra inglesa que leía tranquilamente un periódico. Lo miré de reojo al llegar a su altura, él ni se inmutó, y algunos pasos después, mi padre me preguntó: “¿No sabes quién es?” Obviamente, a mis seis o siete años de entonces no tenía la más remota idea. “Es Miguel Delibes”, me dijo, “me examinó en la Escuela de Comercio. ¿No te has fijado en los libros del salón?”.</p>
<p>Al regresar a casa pude comprobar que, efectivamente, teníamos (y aún conservamos) cuatro tomos encuadernados en piel de Ediciones Destino con el único título de <em>Obra completa</em>. Con el tiempo, sus obras han ido llenando varios estantes de nuestra librería.</p>
<p>Los domingos siguientes tuvieron el aliciente de intentar volver a localizarlo, probablemente volviera a verlo, pero pronto me olvidé de aquel señor tan ensimismado en su lectura. Por supuesto, al ir pasando los años y superando cursos académicos, entendí mucho mejor la relevancia del escritor.</p>
<p>Ya de joven volví a cruzarme con él en alguna sesión de la Seminci. Con la perspectiva del tiempo, a veces pienso, ¡¡qué oportunidad perdida!! Hoy sí me hubiera atrevido a decirle algo. El bromista azar hizo que, siendo ya profesor universitario, tuviera en una de mis aulas como alumno de matemáticas de la titulación de Informática de Gestión, a uno de sus nietos. ¿Se cruzarán de nuevo nuestros presentes o futuros descendientes alguna vez?</p>
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		<title>Julio Martínez nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ensutinta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jul 2020 07:49:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[Conocí a Delibes desde mi primera edad y en diferentes circunstancias. Conocí a Delibes como vecino del paseo de Zorrilla y, en seguida, como hombre conocido y respetado. También como [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Conocí a Delibes desde mi primera edad y en diferentes circunstancias.</p>
<p>Conocí a Delibes como vecino del paseo de Zorrilla y, en seguida, como hombre conocido y respetado. También como padre de Miguel y Elisa, amigos míos; como escritor reverenciado cuando comencé a andar entre libros. Y, finalmente, como periodista en “El Norte de Castilla” que dirigía Fernando Altés por aquel entonces.</p>
<p>Mi tiempo de redactor durante unos pocos años coincidió con el momento álgido del cierre de la Universidad y FASA, el asesinato de Carrero Blanco y la caída del Régimen. Formaban en aquella redacción: Antón –como redactor jefe–, Salcedo, Pastor, Criado, Rodicio, Valiño, Losada y Rodero, que recuerde a bote pronto. Yo era el más joven, y el más novato.</p>
<p>Al poco de mi incorporación y al principio de una noche, larga como todas, Antón me dijo que me pusiera al teléfono, que me llamaba Delibes. Que lo cogiera en su mesa. Se hizo un silencio un tanto particular que yo no supe interpretar muy bien e hice mi recorrido hasta la mesa de Antón con preocupación creciente. “Pero qué querrá este hombre”, pensaba para mis adentros. Lo que quería Delibes era dictarme un artículo de caza con todas las precisiones terminológicas y demás de las que él era tan capaz. En fin, que lo que quería era examinarme. Al final de la conversación, me mandó que le leyera el texto y debí de aprobar, pues no hubo corrección alguna por su parte.</p>
<p>En aquel tiempo, mal que bien, yo me examinaba mucho y lograba ir aprobando. Ya se encargaría la vida, después, de suspenderme a fondo. Él no, él me aprobó con nota. Siempre fue muy cariñoso conmigo. Creo que con todos.</p>
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		<title>Francisco Blanco Parra nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jul 2020 07:49:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Allá por el año 1967 tenía yo 23 años y estaba en el bar “La Taquita” de Valdestillas (Valladolid), cerca de la estación, en una tarde otoñal de domingo, esperando [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Allá por el año 1967 tenía yo 23 años y estaba en el bar “La Taquita” de Valdestillas (Valladolid), cerca de la estación, en una tarde otoñal de domingo, esperando a mi novia. Eran las cinco de la tarde y estaba charlando con el “Tío Pequero”, cuando entraron en el bar tres cazadores con sus escopetas y zurrones.</p>
<p>De los tres cazadores, uno era alto y flaco, con visera; otro algo más bajo y con algún kilo más; y el tercero más bajo y con hombros más anchos. Llevaban colgadas varias piezas de caza de sus cintos. Al ver entrar a los cazadores, el Tío Pequero se levantó y con la mano tendida les saludó y dijo: “¿Qué tal, Miguel, la caza?”. Y el tal Miguel respondió: “Ya puedes ver, hemos estado en Monte Blanco”.</p>
<p>Al domingo siguiente entré como de costumbre en el bar y pregunté al Tío Pequero por los cazadores del domingo anterior y si el más alto era don Miguel Delibes. Me contestó que sí y empezó a decir que él había sido el que le había enseñado a cazar.</p>
<p>Llegué a ver a don Miguel Delibes alguna vez en la calle Santiago y en la Acera de Recoletos, pero nunca cruzamos palabra alguna, salvo el día en que le conocí en el bar “La Taquita”.</p>
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		<title>Ramón Abril nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2020 07:45:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[A finales de noviembre de 1981, yo compatibilizaba mis estudios de Medicina con un trabajo nocturno como celador de Urgencias, en el Hospital Clínico de Valladolid. En la planta décima [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A finales de noviembre de 1981, yo compatibilizaba mis estudios de Medicina con un trabajo nocturno como celador de Urgencias, en el Hospital Clínico de Valladolid. En la planta décima estaba aquellos días ingresado el gran pintor y dibujante Art Deco vallisoletano Eduardo García Benito, y durante unos días, a primera hora de la noche, mis compañeros y yo vimos pasar por delante de nuestra garita a Miguel Delibes, que acudía a acompañar a su amigo hasta la mañana siguiente.</p>
<p>García Benito falleció el 1 de diciembre y recibimos aviso para que subiésemos a retirar el cadáver de la habitación y lo bajásemos a la morgue. Un compañero y yo acudimos a planta, dispusimos el traslado de la cama en la que yacía García Benito y, cuando nos dirigimos al ascensor de servicio hospitalario, Miguel Delibes entró junto a nosotros.</p>
<p>En silencio, iniciamos el descenso desde la décima planta y, como de madrugada en el hospital apenas había actividad, el trayecto lo hicimos sin ninguna parada. Cuando esto ocurría, el ascensor se aceleraba y parecía coger “bastante” velocidad. Además, la cabina descendía como a trompicones, así que la cama y el difunto García Benito subían y bajaban rítmicamente. Delibes parecía asustado y mi compañero y yo, que sabíamos perfectamente quién era nuestro acompañante, procuramos infundir tranquilidad a la situación, sujetando la camilla con la mayor naturalidad.</p>
<p>Entonces, uno de los tumbos que dio el ascensor fue algo más brusco y Delibes, que estaba realmente pálido, nos preguntó con cierta ansiedad: “Normal, ¿verdad?”.</p>
<p>Finalmente, con un último empellón, el ascensor se detuvo en la planta baja. Se abrieron las puertas. Delibes se despidió del amigo santiguándose; y de nosotros con un recio: “Buenas noches, señores”.</p>
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		<title>Yanira Vega García nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jul 2020 09:09:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[Conocí a Miguel Delibes a través de mi abuelo Francisco García López, conocido después en la ciudad de Valladolid como el guitarrista Paco, el minero. Estudió en la Escuela de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Conocí a Miguel Delibes a través de mi abuelo Francisco García López, conocido después en la ciudad de Valladolid como el guitarrista <em>Paco, el minero</em>. Estudió en la Escuela de Comercio y para él, don Miguel no era más que un simple mentor de lecciones teóricas: era un modelo a seguir y llevó a rajatabla su filosofía de vida.</p>
<p>Para mí, humildemente, mi abuelo siempre ha sido una extensión de la persona que fue Miguel. Fue también un ferviente amante de la Naturaleza, de su Castilla y, cómo no, del conocimiento. E incluso llegó a crear sus propias palabras como hacía don Miguel.</p>
<p>Más tarde, tras la muerte de mi abuelo, tiempo después de aquellos largos paseos por el campo y de nuestras meriendas, comencé a adentrarme en el mundo de Delibes: devoré todos sus libros y comprendí mucho más quién era mi abuelo. Por aquellos años, yo estudiaba en el IES Ramón y Cajal de Valladolid, donde su hija Elisa impartía clases de Lengua y Literatura, pero jamás me atreví a cruzar una palabra con ella, ya que me apesadumbraba más la muerte de mi abuelo que el hecho de ser valiente y haber compartido unas palabras sobre su padre con ella.</p>
<p>Actualmente, estoy estudiando para ser guionista y hasta que un buen día me preguntaron sobre mis influencias literarias a la hora de escribir, no me di cuenta de que Miguel Delibes formaba parte de mí de una forma tan intrínseca. Dicen que una persona no muere si sigue viva en nuestra memoria y para mí no hay mejor legado que el de don Miguel Delibes Setién y mi abuelo Paco.</p>
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		<title>José Luís López Espinosa nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jul 2020 09:07:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Era un domingo de verano de hace unos cuantos años. Veraneaba en Sedano y cogí la bicicleta para ir a la misa del pueblo de Moradillo de Sedano. Dejé la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Era un domingo de verano de hace unos cuantos años. Veraneaba en Sedano y cogí la bicicleta para ir a la misa del pueblo de Moradillo de Sedano. Dejé la bici apoyada en el moral que hay a la entrada y llegó D. Miguel quien, al verla, me preguntó: “¿Es Vd. aficionado al ciclismo?”. Le respondí que sí, me contestó que él también y añadió: “Veo que es bici de carrera. Mis hijos también son aficionados, incluso una carrera que organizan en Sedano, con ida y vuelta a Covanera, en la que participaban los juveniles de Burgos, la ganó mi hijo Juan”. Me lo contó muy orgulloso y, volviéndose hacia la iglesia, dijo: “Qué maravilla de pórtico, me gusta venir a misa a esta iglesia de San Esteban porque es una obra de arte”.</p>
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		<title>Francisco Blanco Parra nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2020 09:03:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Allá por el año 1967 tenía yo 23 años y estaba en el bar “La Taquita” de Valdestillas (Valladolid), cerca de la estación, en una tarde otoñal de domingo, esperando [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Allá por el año 1967 tenía yo 23 años y estaba en el bar “La Taquita” de Valdestillas (Valladolid), cerca de la estación, en una tarde otoñal de domingo, esperando a mi novia. Eran las cinco de la tarde y estaba charlando con el “Tío Pequero”, cuando entraron en el bar tres cazadores con sus escopetas y zurrones.</p>
<p>De los tres cazadores, uno era alto y flaco, con visera; otro algo más bajo y con algún kilo más; y el tercero más bajo y con hombros más anchos. Llevaban colgadas varias piezas de caza de sus cintos. Al ver entrar a los cazadores, el Tío Pequero se levantó y con la mano tendida les saludó y dijo: “¿Qué tal, Miguel, la caza?”. Y el tal Miguel respondió: “Ya puedes ver, hemos estado en Monte Blanco”.</p>
<p>Al domingo siguiente entré como de costumbre en el bar y pregunté al Tío Pequero por los cazadores del domingo anterior y si el más alto era don Miguel Delibes. Me contestó que sí y empezó a decir que él había sido el que le había enseñado a cazar.</p>
<p>Llegué a ver a don Miguel Delibes alguna vez en la calle Santiago y en la Acera de Recoletos, pero nunca cruzamos palabra alguna, salvo el día en que le conocí en el bar “La Taquita”.</p>
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		<title>María J. Valle de Juana nos cuenta cómo conoció a Delibes</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jul 2020 08:48:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así conocí a Delibes]]></category>
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					<description><![CDATA[Mis hermanos y yo conocimos a Miguel Delibes […] a finales de los años 70 gracias al trabajo de mi padre, Luis Valle Olivares, […] quien, además de su trabajo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Mis hermanos y yo conocimos a Miguel Delibes […] a finales de los años 70 gracias al trabajo de mi padre, Luis Valle Olivares, […] quien, además de su trabajo como encargado de un almacén, trabajaba en casa, transcribiendo a máquina, primero manual y luego eléctrica, artículos, tesis, tesinas y libros a profesores de la Universidad de Valladolid, y también a D. Miguel Delibes y a uno de sus hijos, Germán. Todos ellos acudían a casa a llevar sus documentos manuscritos […].</p>
<p>Miguel Delibes era uno más de este grupo, que se caracterizaba por su sencillez y educación. Él llevaba sus borradores de artículos y futuras novelas. Cuando eran artículos, recuerdo que los escribía en cuartillas y con una letra que al menos la calificaba de poco “legible”, pero ahí estaba mi padre, que la entendía sin ningún problema, al igual que mi madre que le dictaba, con el objeto de intentar acabar todos los trabajos con antelación a la fecha concertada de entrega.</p>
<p>Cuando se trataba de los borradores de lo que serían sus novelas, D. Miguel escribía en folios. En la gran mayoría de las ocasiones acudía en persona a nuestra casa frente al antiguo Matadero, lo que le permitía darse un paseo. Y nunca se limitó a encargar un trabajo; siempre dedicaba un rato a la charla distendida con mis padres, lo que permitió forjar una relación de amistad, admiración y respeto hacia su persona que se extendió a lo largo de los años. Cuando el tiempo le apremiaba, y con el objeto de que dispusiese del trabajo cuanto antes, uno de mis hermanos se lo acercaba a su casa. Era tal el cariño y la cordialidad que Miguel Delibes dispensaba a mis padres y a nosotros que, siempre que concluía un trabajo, dedicaba un rato de su tiempo para llevarnos uno de sus libros, dedicados, con unas palabras entrañables que reflejaban esa relación. Más de veinte libros dedicados y cartas dirigidas a mi padre, ocupan un lugar muy destacado en nuestra casa y en nuestras vidas.</p>
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