El “refresco”, que no falte. Y si nos hace sonreír, mejor que mejor. Hay veces que cuando formamos un verbo a partir de un sustantivo, el subconsciente nos juega una mala pasada… He aquí un ejemplo. De ternilla, desternillarse. Esto es, morirse de risa. De tornillo, ¿desatornillarse? ¡No!...

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